FORMACION DEL COFRADE                                                             

FICHA - 1 -

LUCES DEL ALBA

     Eran las primeras luces del alba. El día había despertado del letargo de la noche y la luz empezaba a brillar. Era el primer día de la semana y, rotas las tinieblas de la muerte, la vida brotaba pujante. Apareció la luz y brilló la esperanza. Para que tenga sentido nuestra vida los hombres necesitamos esperanza. Los que vivimos y vivimos al borde de la cruz sin consuelo... los que lloramos y nuestras lágrimas corren por la mejilla sin que la mano amiga las enjugue... los que nos atamos a nuestros egoísmos con las cadenas de la frivolidad... los que nos creemos condenados a cadena perpetua... necesitamos que cada mañana brote la esperanza, cuando nos despertamos.

     Y en el amanecer de aquél primer día de la semana brilló un rayo de luz. Brilló la esperanza rompiendo el velo denso de una piedra. Brotó, como brota del seno de la tierra la espiga repleta de vida. Aquella mañana del seno de la muerte brotó la vida. Rasgando las nubes apareció el sol, que disipa las tinieblas en las que el hombre estaba sumido. Venciendo la muerte, Jesús resucitado hizo nacer la vida. La vida, que jamás se acaba. Desde el día de la Resurrección del Señor ya cada Domingo es Pascua. Es alegría esperanzada. Ya nunca es noche para los que creen, ni para los que se cansan de creer y siguen creyendo, ni para los que se cansan de amar y siguen amando.

     Cristo resucitado es la luz que da sentido a la vida. Es la esperanza que jamás morirá en el corazón de los discípulos. El dolor es patrimonio del hombre. Es cruz que tortura el corazón. Pero el Viernes Santo no es el final de la escena. La Semana Santa no acaba el Viernes Santo. La Cruz, que atormentó a Cristo en el Calvario, dió paso a su Resurrección gloriosa. La Pascua dió sentido a la Cruz. Por esto nuestra Cofradía de las Siete Palabras no podía tener fijos los ojos únicamente en la Cruz de los Florines. Un Cristo muerto en la Cruz no es la mejor imagen para suscitar esperanza. Lo dice San Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, inútil nuestra fe". El Cristo, que preside nuestro Templo de El Salvador, no es un Cristo doliente sino un Cristo glorioso y resucitado. Es un Cristo vivo y triunfante. No tiene corona de espinas, ni llagas en las manos, ni heridas en el costado. No se identifica con ningún cuerpo humano. Es un cuerpo glorioso. Tiene un cuerpo difuminado entre el blanco y el negro. Y se ha vestido con la túnica de la inmortalidad como nos dice San Pablo.

     Nuestra Cofradía, sabiendo que la Semana Santa no acaba en la contemplación del dolor de la Pasión en la Procesión del Viernes Santo, ha querido dar paso a la esperanza con la imagen del "Santo Sudario", simbolizando en élla la Resurrección de Cristo. "Ha resucitado", dijeron los ángeles a las mujeres, que encontraron la tumba vacía, cuando trataron de embalsamar mejor el cadáver de Jesús. Allí solamente estaba el Sudario con que el día anterior habían cubierto el cuerpo de Jesús. Y era la señal de que había resucitado. Aquel sudario era la señal de que seguía viviendo. Cristo resucitado es la luz que ilumina las tinieblas del dolor y da sentido a la vida. Cristo resucitado abre nuevos horizontes al sufrimiento y a la muerte. La muerte ha perdido su agujón y la vida no acaba en la muerte. Y, como Cristo resucitó, también nosotros resucitaremos. Esta es la luz que brilló aquella mañana de Pascua, al amanecer del alba. El "Paso" del Sudario de Cristo nos lo recuerda.

Santiago González

Capellán de la Hermandad

 

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