FORMACION DEL COFRADE                                                                                          

FICHA - 2 -

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

La Festividad de la Santa Cruz tiene especial importancia para la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. Pero ya desde el primer momento hemos de advertir que la Iglesia cuando celebra esta Festividad no celebra el dolor y el sufrimiento que supone la Cruz. Celebra la salvación, que Cristo, muriendo en la Cruz,  nos ha conseguido. Celebra el sentido redentor de la muerte de Cristo en la Cruz. A pesar del dolor y el sufrimiento, que siempre supone la Cruz, la Liturgia de la Vigilia de la Pascua de Resurrección no puede por menos de exclamar: "Feliz árbol de la Cruz, que fuiste digno de soportar el dulce peso del cuerpo de Jesús y en tí se obró la redención del género humano.

La Cruz no es patrimonio exclusivo de Cristo. La Cruz es herencia de todo hombre."La herencia del hombre, leemos en el libro de Job, son meses de desencanto y su suerte noches de dolor". El camino del Calvario pasa por todos los campos de la humanidad. Pasa por los tugurio s de los hambrientos y por los palacios de los ricos. Por las camas de los 'hospitales y por el asfalto de la carretera. Por los ambiente de trabajo y por la intimidad del hogar."La vida del hombre, sigue diciendo el Libro de Job, está amasada de dolores". Y no hace falta haber vivido muchos años para darse cuenta de esta realidad. Lo queramos o no, la cruz no está lejos de cada uno de nosotros. Sin embargo hay cruces y cruces. Hay hombres que llevan una cruz sin Cristo y hay cristianos que pretenden llevar un Cristo sin cruz. Los primeros aún no son discípulos de Jesús y los segundos han dejado de serlo. Los que llevan la cruz sin Cristo no dejan de sufrir, pero la impaciencia y hasta la rebeldía les atormenta más, porque no tienen la dignidad de la paciencia ni la valentía de la fortaleza. El hombre, que no sabe enfrentarse con la cruz, es un hombre acorralado, que se refugia en la mediocridad y acaba hundiéndose en la desesperación. El hombre que lleva la cruz sin Cristo no es capaz de encontrar sentido al sufrimiento y al dolor y su vida acaba por no tener razón de ser. Hay, por otro lado, quienes intentan llevar a Cristo, pero no su cruz. Son los que consideran que sin mortificación y sin dominio de la voluntad es imposible la virtud, pero se resisten a vivir con austeridad y con el sacrificio necesario para dominar los instintos. Admiten el mandamiento supremo del amor, pero no están dispuestos a dar un vaso de agua al hermano siempre que le suponga el más pequeño sacrificio o les contraríe en cualquiera de sus cómodos planes. Aceptan a Cristo pero no su cruz. Y entonces podemos preguntar:¿Está más cerca de Cristo el que lleva la cruz sin conocerlo o el que cree seguirlo sin la cruz?¿Es más urgente darles a Cristo a los que ya tienen la cruz o darles la cruz a los que pretenden tener a Cristo?

            El hombre iluminado con la sola luz de la razón no es capaz de descubrir el misterio del dolor y no pocas-veces reacciona rebelándose contra él y dirigiendo sus" dardo s contra el mismo Dios a quien le hace responsable del sufrimiento humano. Pregunta indignado: "¿ Qué clase de Padre es este Dios, que permite el sufrimiento de la humanidad? ¿Qué habré hecho yo para que Dios me castigue de esta manera?" Así hablamos cuando una enfermedad prematura arrebata la vida de un ser querido o cuando un accidente imprevisto siega la vida en flor de una persona joven o cuando un terrorista ha colocado una bomba lapa en un coche o cuando ha disparado un tiro en la nuca de un ciudadano honrado. ¡Con lo fácil que le hubiera resultado a Dios haber evitado el accidente o haber detenido la mano del asesino!.

            Pero Dios no es un parche para nuestras debilidades, ni un remedio para nuestras deficiencias. Dios no es una imagen de madera hecha a nuestra imagen para manipularla a nuestro gusto. Dios es Dios. Es libre y nos quiere totalmente libres. El no curará el cáncer si la ciencia no investiga. No evitará un accidente en la carretera si el conductor del propio o del vehículo de enfrente no conduce con la suficiente prudencia. Ni hará fructíferas las cosechas, si el labrador no siembra o no cultiva las cosechas. Dios nos ha creado responsables de una parte de nuestra vida y quiere que nos lleguemos a convencer de que, a pesar de nuestras desgracias y sufrimientos, no se desentiende de nosotros como, tampoco el hombre se debe desentender de sus propias responsabilidades. La cruz y el sufrimiento está en la vida del hombre como el misterio más insondable del corazón humano. Cuando el hombre quiere penetrar en. este misterio insondable no puede conseguido y, privado de una luz superior, cae en la desesperación y en la angustia más lamentable. La vida entonces se convierte en un contrasentido, en un absurdo, que le llena el corazón de angustia y tortura.

Para el creyente, sin embargo, Jesús muerto en la Cruz arroja una Luz nueva, que es capaz de dar sentido al sufrimiento y orientar la vida por senderos, que trascienden los límites de la terreno. Es verdad que Cristo, muriendo en la Cruz, no ha liberado al hombre del sufrimiento. No le ha privado de sensibilidad. El creyente sigue sufriendo como puede sufrir el que no cree. El sufrimiento con fe o sin fe sigue y seguirá siendo patrimonio de la humanidad. Cristo no ha venido a destruir el sufrimiento. Su misión era quitarle el aguijón. Darle sentido y abrirle horizontes de vida eterna. Cuando el artista, día tras día, va arrancando a fuerzas de golpes las aristas del mármol solo tiene una finalidad: labrar la estatua, que ha de deslumbrar al mundo con su belleza. Y cuando el labrador entierra el grano de trigo en la besana solo pretende convertido en espiga pujante de vida. La Cruz y el sufrimiento, desde que Cristo lo aceptó, muriendo en la Cruz, es camino de vida. Desde entonces la Cruz no es una maldición. Es una gracia. Así lo entendía San Pablo cuando decía:"Se me ha dado la gracia no solo de creer sino también la de sufrir". Para el Apóstol de las gentes la cruz y el sufrimiento, que supone, es una gracia, que puede parangonarse con la gracia de la Fé. Por la Fé en la Palabra de Dios el hombre llega a conocer lo que Dios ha hecho y ha dicho. Y por la gracia del dolor y el sufrimiento el hombre es capaz de descubrir lo que Dios le ama y el amor infinito que le tiene. San Agustín decía que el dolor es el barómetro del amor. Sobre el Calvario se levantaron tres cruces: la del ladrón desesperado, la del ladrón penitente y la de Jesús inocente. El que no quiera sufrir como Cristo inocente o como el ladrón penitente no tendrá más remedio que sufrir como el ladrón desesperado. La festividad de la Exaltación de la Santa Cruz nos invita. a aceptar el dolor como Cristo inocente para, convertido en garantía de salvación y vida eterna.

Santiago González

Capellán de la Hermandad

 

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