FORMACIÓN DEL COFRADE                                                                                          

FICHA - 4 -

EL DRAMA DEL CALVARIO

 

No era una escena de teatro, pero no faltaron los personajes, que desarrollaron la trama. No se pusieron de acuerdo para representar el drama, pero coincidieron en darle expresividad. En torno al protagonista encontramos personajes, que parecían arquetipos de la gran tragedia humana. Allí estaba la traición en la persona de Judas. La cobardía en Pilatos. La lujuria en Herodes. La hipocresía en Caifás. Y  un poco aparte, en otro momento de distinta escena, hacía acto de presencia el amor sin mancha en María. El amor arrepentido en la Magdalena. Y el amor escondido en José de Arimatea. Tampoco faltó la vulgaridad del pueblo, ni el bostezo de los soldados. Todas las grandes pasiones estaban allí representadas. En el drama del Calvario, junto a la alta tensión acumulada, que explotó en la Cruz, también estaba la mediocridad de los que se llamaban amigos y el desagradecimiento de quienes se alimentaron con el pan que necesitaban. Pero en medio de todos destacaba el personaje principal: JESÚS.

Estaba despojado de sus vestiduras, pero no del amor que tenía a los hombres. Tenía la cabeza cubierta de sangre por las espinas de la corana, pero con el rostro sereno de quien ama hasta el extremo. Tenía las manos taladradas por los clavos, pero abiertos en expresión del perdón, que ofrecía y del amor, que acogía a todos. Aparecía elevado en la Cruz par que nadie dejara de ver que ese era el precio del amor, que le había llevado a morir en el madero. La Cruz no es un adorno que se cuelga en el pecho. Es la expresión del amor que se entrega para engendrar vida. La cruz y el dolor, desde la razón, son un contrasentido. Pero, desde la fe, son el alimento del amor. Todos los humanismos han chocado contra la Cruz. Para los romanos la cruz era una locura. Para los judíos, un escándalo (I Cor., 1,23.). Para nuestro mundo es un revulsivo, que escandaliza. Pero para el cristiano es el árbol fecundo de la vida. La tarde del Viernes Santo concluyó en la mañana de Pascua.

La Cofradía de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz así lo ha entendido y lo ha querido poner de manifiesto en el nuevo Paso procesional en el que se destaca la Cruz desnuda y el sudario pendiente de sus brazos. Es el símbolo de la muerte y de la vida. De la pasión y el sufrimiento de Cristo y de su resurrección gloriosa. Cristo murió en la Cruz, pero resucitó al tercer día. La noche oscura del Viernes Santo se torna en la mañana radiante del primero de Pascua. La Resurrección de Cristo es la que da sentido a su muerte en la Cruz. Es la espiga llena de trigo, que da sentido al grano, que muere en el surco. El Nuevo Paso, que nos acompaña en la Procesión del Viernes Santo es la expresión pública de esta realidad. Tiene las faldas moradas. El morado en el lenguaje litúrgico significa penitencia, pasión y muerte. Pero el Paso también tiene un sudario blanco sobre los brazos desnudos de la Cruz. Es el símbolo de la Resurrección. "Ha resucitado", (Luc., 24,6) dijeron los ángeles a las mujeres que encontraron vacía la tumba, cuando trataban de embalsamar mejor el cadáver de Jesús. Las velas que alumbran el Paso son la luz que ilumina las tinieblas de la muerte. Con la Resurrección, la muerte ha perdido su aguijón y la oscuridad de la muerte se ilumina con la luz de la resurrección.

No menos simbólico es también el hábito con que se revisten los miembros de la Cofradía. La túnica morada es signo del hombre viejo, que todos llevamos encima con nuestros pecados. Y la capa blanca, con que os cubrís, es símbolo del hombre nuevo, que ha nacido a una vida nueva y resucitada. Vida que es preciso alimentar con el Pan de los hijos de Dios, que es la Eucaristía. La Comunión que hacéis en la Misa del Jueves Santo debería ser el inicio de una vida sacramental a lo largo del año. Y la Adoración al Santísimo en el Monumento del Jueves Santo debería ser una Confesión de Fe por la que proclamamos que Cristo vive en medio de nosotros y que nuestra vida de cristianos tiene su origen en su muerte y resurrección. No olvidemos que nuestra vida de hombres resucitados debe estar en consonancia con el simbolismo con el que queremos reflejar, tanto el Paso Procesional como en el hábito de Cofrades, la fe que tenemos en Cristo muerto en la Cruz y resucitado en la mañana de Pascua.

Santiago González

Capellán de la Hermandad

 

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