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FORMACION DEL
COFRADE
FICHA - 6 - Una de las semanas más destacadas del año, es sin lugar a dudas, la Semana Santa. Su origen venerable, anclado primordialmente en el "humus" de la tradición cristiana, junto al hecho de haberse convertido en un momento de ocio y diversión es la razón de ello. La llegada de la Semana Santa, en general, es advertida por la sociedad secularizada, no tanto por la Cuaresma, cuanto por la publicidad turística y el calendario que nos recuerdan que son vacaciones. A pesar de todo, los medios de comunicación se hacen eco de la dimensión religiosa de esta semana. Especialmente siguiendo los diferentes "pasos" por las calles de las ciudades más emblemáticas en cuanto al arte y la religiosidad popular se refiere: Sevilla, Valladolid, Zamora... No obstante, para muchos, la cuestión de las procesiones radica en un tema turístico a fomrentar, para otros en un modo sublime de apreciar el arte de antaño, también los hay que lo valoran y lo fomentan como una tradición familiar a seguir... Así pues, sin dejar de lado la dimensión catequética y devocional, como vemos, múltiples pueden ser las razones que muevan o motiven la salida procesional de los pasos y su seguimiento. Sin caer en el puritanismo más riguroso hay que decir que, valoradas en su conjunto, todas las razones mencionadas no tienen porque ser desechadas, o vistas con recelo; siempre y cuando, claro está, no se olvide ni se pierda de vista cual es el fin y el sentido último de todo: facilitar el encuentro personal con Cristo Resucitado y la Comunidad Creyente. Paradójicamente, muchos cristianos y fieles devotos se quedan a mitad de camino... viven con intensidad a través de los "pasos procesionales" o a través de otras formas de piedad popular y litúrgica de la pasión y muerte del Señor pero, al final, no se encuentran con el Resucitado, con el Cristo Vivo que sigue presente en la Comunidad de fieles que celebras sus misterios, predica su palabra y atiende a los hermanos. Viven un momento de éxtasis y después se olvidan del Cristo cotidiano, el de la oración diaria y la misa del domingo, el del mendigo y el enfermo, el de la oficina y la obra, el de la calle y las urnas, el del emigrante y el transeúnte, el del joven y el abuelo, el del drogadicto y el preso, el del niño y la madre, el del sida y la guerra... Nos podemos quedar con la pasión de Cristo y olvidar la "pasión por Cristo", nos podemos quedar con el paso y olvidarnos -precisamente- del "paso". Ojalá que al llegar la "Pascua" (el paso del Señor) nos encontremos con el Resucitado; y no sólo con el de madera. Rafael Muñoz Mateo Capellán de la Hermandad
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