FORMACIÓN DEL COFRADE                                                                                          

FICHA - 9 -

             Permitidme lo primero de todo que os salude de corazón a todos cada uno de los que formáis la Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. A algunos de vosotros os saludé por primera vez con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, a otros os he ido conociendo durante estos últimos meses, a los demás espero veros y saludaros durante las próximas semanas en las que la actividad de nuestra Cofradía crecerá en intensidad.

            Es asombrosa la rapidez con la que transcurre el tiempo. Hace menos de dos meses el gozoso anuncio de los ángeles resonaba con fuerza en el silencio de la noche. Con emoción nos asomábamos a la cueva de Belén para adorar, de rodillas, junto con María y José, al recien nacido. En la mirada de este niño envuelto en pañales pudimos contemplar una vez más el insondable misterio de un Dios que nos ama tanto que nos dio aquello que más quería, a su Hijo único. De este modo, el amor eterno de Dios ponía su morada en este mundo y en el corazón de cada hombre, comenzando así una singular historia de donación.

            Toda la vida de Jesucristo fue un supremo acto de donación y amor a su Padre y a todos los hombres. Belén y el Calvario son los lugares privilegiados para aprender a amar: el primero señala el inicio de esa donación de Dios en Cristo, el segundo establece su máxima expresión.

            Por ello os invito a vivir con intensidad ese tiempo de gracia que es la Cuaresma, así podremos celebrar con mayor fruto los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

            Contemplemos a Cristo en la Cruz y aprendamos de Él lo que significa amar de verdad. Él no nos redimió con promesas, con sentimientos de compresnión o deseos de entrega, ni tampoco con la grandielocuencia de sus palabras. Él quiso demostrárnoslo amándonos con hechos concretos: haciéndose hombre, viviendo y sufriendo nuestra condición humana, dándose a sí mismo por amor a su Padre y a cada uno de nosotors, obedeciendo, perdonando...

            Si nosotros seguimos su ejemplo e intentamos amar de la misma manera participaremos un día de su resurrección. No olvidemos que la resurrección de Jesús de entre los muertos está en el centro de nuestra fe y debe configurar toda nuestra vida cristiana. Lamentablemente, muchos cristianos saben cómo vivir la Cuaresma o el Adviento y, sin embargo, no saben en que consiste la Pascua. Es un hecho bien sencillo: si hemos resucitado con Cristo, hemos de vivir guiados por el Espíritu. Es decir, hay que abndonar las malas obras y dejarse conducir por la vida nueva que nos trae Jesucristo. Por la muerte de Jesús en la cruz fuimos liberados del pecado; por su Resurrección hemos sido hechos hijos de Dios.

            Ojalá que, durante los días santos de Cuaresma y Pascua, y con la ayuda de Dios, todos aprendamos un poco más a amar a Cristo y a nuestros hermanos como Él nos amó en la Cruz: con la entrega total y permanente de nosotros mismos. No temamos, por tanto, crucificar con Cristo nuestros egoísmos y nuestro pecado para que podamos repetir con San Pablo: no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí (cf. Gal 2, 19-20)

 

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

 

MARIO MUÑOZ BARRANCO (Capellán)

 

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